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Seguimos con esta sexta entrega de la serie, dedicada a los conflictos de intereses en el ámbito de la salud visual.En el artículo anterior comenzamos a analizar qué conflictos podrían aparecer en el ámbito de la consulta oftalmológica privada.Concretamos en el perfil del , y lo dividimos en tres tipos: los defectos de graduación, las enfermedades leves, y la prevención.

El artículo de hoy pues lo dedicaremos a hablar de , trastornos de nuestro sistema visual que normalmente no revisten gravedad ni una gran complejidad en el manejo básico.

Antes de entrar a hablar en concreto de las enfermedades más frecuentes y leves de los ojos, tenemos que darnos cuenta que su manejo y seguimiento puede verse influido por un interés económico.

Para ello, vamos a describir un “circuito” entre pacientes y profesionales que no siempre está basado en la evidencia científica y la eficiencia de medios, pero que se retroalimenta y autosostiene en parte a un conflicto de intereses.

Este circuito se refiere a las enfermedades leves sobre las que vamos a hablar hoy, pero también se aplica al ámbito de la prevención que hablaremos en el próximo artículo.

Hoy describimos de forma genérica su funcionamiento, y en el siguiente post no necesitaremos insistir de nuevo en ello.

Por una parte, y para empezar el circuito en un punto arbitrario (que no siempre es el inicial), tenemos la clínica oftalmológica o el centro oftalmológico privado, que como explicábamos en el último artículo, como empresa le interesa tener a cuantos más pacientes mejor.Como ya hemos explicado cuál es el conflicto de intereses, no insistiremos más en ello.El paciente, preocupado por su enfermedad, aunque en principio sea leve y esté controlada, o no revista especial riesgo, se siente más tranquilo si periódicamente le visita el oftalmólogo.Da tranquilidad que el “especialista” corrobore el buen estado del ojo a pesar de nuestro problema leve.Y lo mismo podemos decir de cara a la prevención: que periódicamente el oftalmólogo nos descarte tal o cual enfermedad nos tranquiliza mucho.Por tanto, no sólo el oftalmólogo (quizás presionado por los intereses económicos del centro) puede estar tentado de alentar la frecuentación excesiva a la consulta; el propio paciente puede contribuir a esta hiperfrecuentación.

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